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sábado, 1 de marzo de 2025

Frutos de tu amor

 

 VIII Domingo del Tiempo Ordinario

Lema del mes: «Nos das la feliz esperanza de arrepentirnos» (Cf. Sab 12,19)




Yo sé que sólo soy un pecador
pero cedacea mi interior
con tu gran amor, Señor
y al examinar todo mi ser
purifícame.
 
Hazme sentir,
con el fuego de tu gracia
qué hay en mí
que no me permite amarte más.
Haz florecer mi paciencia
que todas mis palabras
giren en torno a mi confianza en ti
haz crecer en mi existencia
el deseo de servirte
con sinceridad.
 
Siembra en mi corazón tu bondad
para que yo pueda dar
frutos de esperanza y de misericordia.
 
Quiero Señor dar frutos de amor
pero sólo tu gracia
hace fructífera mi alma
Quiero Señor dar frutos de amor
llena de tu presencia
cada espacio de mi ser.



                                                                                          


 Lectura del Libro del Eclesiástico 27,4-7 


 Se agita la criba y queda el desecho, así el desperdicio del hombre cuando es examinado. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en su razonar. El fruto muestra el cultivo de un árbol, la palabra, la mentalidad del hombre. No alabes a nadie antes de que razone, porque ésa es la prueba del hombre. 

Palabra de Dios.


 Salmo Responsorial: 91,2-3.13-14.15-16 
 R/. Es bueno darte gracias, Señor 


 Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh, Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad. R/. 

 El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. R/.

 En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso, para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad. R/.


 Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,54-58


 Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» 

 El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Así, pues, hermanos míos queridos, manténganse firmes y constantes. Trabajen siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa su fatiga. 

Palabra de Dios.


 Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,39-45


 En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: —«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, ¿sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. 

 No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca». 

Palabra del Señor.

 
 
 

sábado, 15 de febrero de 2025

La dicha de tu amor

 

VI Domingo del Tiempo Ordinario

Lema del mes: «El amor es paciente» 




Mi Señor,
me llenas de la dicha de tu amor
por eso en ti confío,
porque siempre estás conmigo
pese a que sólo soy un pecador.
 
Se llena mi corazón
de la dicha de tu bondad
a pesar de mi miseria
en medio de mi pobreza
tu amor es mi paz
tu amistad es mi esperanza
y tu cercanía me llena de felicidad.
 
Ay de mí, Señor
si en ti no busco mi consuelo
ay de mí, mi Dios
si me sacia la avaricia
y no me dejo llenar
de la abundancia
de tu amor
 y de acudir a ti,
confiadamente, en mi oración.
Por eso busco
a pesar de mis pesares
hacer florecer en mi ser
la fe, la esperanza y el amor.
 

                                                                                                      


Lectura del Libro de Jeremías 17,5-8 


 Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.» 

Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial: 1,1-2.3.4 y 6 
 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. 


 Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/. 

 Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/. 

 No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/


 Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,12.16-20 


 Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, su fe no tiene sentido, sigan con sus pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. 

Palabra de Dios


Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,17.20-26 


 En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: 

 «Dichosos los pobres, porque suyo es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tienen hambre, porque quedarán saciados. Dichosos los que ahora lloran, porque reirán. Dichosos ustedes, cuando los odien los hombres, y los excluyan, y los insulten, y proscriban su nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían sus padres con los profetas. 

 Pero ¡ay de ustedes, los ricos!, porque ya tienen su consuelo. ¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados!, porque tendrán hambre. ¡Ay de los que ahora ríen!, porque harán duelo y llorarán. ¡Ay si todo el mundo habla bien de ustedes! Eso es lo que hacían sus padres con los falsos profetas.» 

Palabra del Señor.





viernes, 7 de febrero de 2025

Mi cántico a tu Santidad


V Domingo del Tiempo Ordinario

Lema del mes: «El amor es paciente» 





Tú me haces tu testigo
al elegirme en mi fragilidad
pese a que de tanta bondad
yo no soy digno.
 
Me haces ver todo tu amor, Señor
a pesar de mi impiedad.
Tú me permites contemplar,
en mi miseria, me haces sentir
tu santidad.
 
Santo, te canto Santo
tres veces Santo, Dios de bondad
Santo, santo, oh santo
te glorifico, Rey de la paz.
 
A pesar de mis flaquezas
estoy dispuesto a proclamar
toda tu gloria y tu majestad
Aquí estoy para anunciar
que en tu santidad y misericordia
es donde encuentro tranquilidad.
 
No temeré, proclamaré
tres veces santo es mi Rey
no temeré, las redes lanzaré
y con mi pobre vida
tu amor, anunciaré.


                                                                                                                                                

Lectura del Libro de Isaías 6,1-2a.3-8 


 El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» 

 Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: — «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos.» 

Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: — «Aquí estoy, mándame.»

 Palabra de Dios.


 Salmo Responsorial: 137,1-2a.2bc-3.4-5.7c-8 


 R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor. 

 Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R/. 

 Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R/. 

 Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R/. 

 Tú derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R/


Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,1-11 


 Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que les proclamé y que ustedes aceptaron, y en el que están fundados, y que los está salvando, si es que conservan el Evangelio que les proclamé; de lo contrario, se ha malogrado su adhesión a la fe. Porque lo primero que yo les transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. 

 Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que han creído. 

Palabra de Dios.


 Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 5,1-11


 En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara, un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echa las redes para pescar.» Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro- se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Palabra del Señor.



sábado, 25 de enero de 2025

Tu santa Palabra

 III Domingo del Tiempo Ordinario 
 Domingo de la Palabra de Dios
Lema del mes: “He ahí a tu Madre”





Tu santa Palabra 




Tu Palabra, Señor Jesús,
llena mi alma de paz
inunda mi ser de tu amor.
 
Tu santa Palabra, mi Dios
es fuente de mi salvación
y mi refugio seguro
donde descansa mi ser
y se aumenta mi fe.
 
Es con tu Palabra sagrada
con lo que se ilumina mi vida
eres tú, mi Señor Jesús,
palabra encarnada del Padre
dónde está mi libertad.

 

                                                                  



Lectura del Libro de Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10


  En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era a mediados del mes séptimo. En la plaza de la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la ley. 

 Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: - «Amén, amén.» 

 Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: 

 «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagan duelo ni lloren.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley. Y añadieron: - «Anden, coman buenas tajadas, beban vino dulce y envíen porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estén tristes, pues el gozo en el Señor es su fortaleza.» 

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial: 18,8.9.10.15
 R/. Tus Palabras, Señor, son espíritu y vida. 

 La Ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R/. 

 Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R/. 

 La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R/. 

 Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío. R/


Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,12-30


 Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. 

 El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. 

 Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. 

 El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No los necesito.» Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían. Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan. Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios los ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? 

Palabra de Dios.


 Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,1-4;4,14-21 



 Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. 

 En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» 

 Y, enrollando el Libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —«Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír.» 

Palabra del Señor.


sábado, 18 de enero de 2025

¡Aclamaciones de esperanza!

II Domingo del Tiempo Ordinario
Lema del mes: “He ahí a tu Madre”




Mi Señor,
yo clamaré tu amor,
no callaré tu gracia,
ni tus maravillas, mi Salvador.
 
Anunciaré tu justicia
y encenderé la llama de la esperanza
propagando a todas partes
el fuego de tu paz.
 
Mi Señor, contaré tu bondad
yo anunciaré tu piedad
y diré a viva voz
la grandeza de tu gloria
lo inmenso de tu amor.
 
Y me darás el vino nuevo
de la alegría de servir
renovarás en mis adentros
tu gran amor por mí
y haré lo que me digas
y te serviré con toda mi vida
pues a ejemplo de tu madre
proclamo con mi alma:
¡Que se haga en mí tu voluntad!



_________________________________


 Lectura del Libro de Isaías 62,1-5

 Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha.

 Los pueblos verán su justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. 

 Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. 

 Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. 

 Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 95,1-2a.2b-3.7-8a.9-10a 
 R/. Cuenten las maravillas del Señor a todas las naciones. 

 Canten al Señor un cántico nuevo, canten al Señor, toda la tierra; canten al Señor, bendigan su nombre. R/. 

 Proclamen día tras día su victoria, cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R/. 

 Familias de los pueblos, aclamen al Señor, aclamen la gloria y el poder del Señor, aclamen la gloria del nombre del Señor. R/. 

 Póstrense ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda. Digan a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.


Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,4-11 

 Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.


 Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y los malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlo. 

 El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece. 

Palabra de Dios.


Lectura del Santo Evangelio según San Juan 2,1-11 

 En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: —«No les queda vino». Jesús le contestó: —«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: —«Hagan lo que él les diga». 

 Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenen las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: - «Saquen ahora y llévenselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: —«Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

 Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. 

Palabra del Señor.



viernes, 10 de enero de 2025

Nos bendices con tu amor

 

 Bautismo del Señor

Lema del mes: “He ahí a tu Madre”





 Nos bendices con tu paz, Señor
mientras cumples la promesa
de a nuestro lado caminar.
 
Hoy sostenme en tu amor
y renuévame con tu gracia
hazme ver la salvación
por el honor de tu nombre, mi salvador.
 
Nos llamas a hacer el bien
y a vivir en tu esperanza
nos invitas a ser fieles
y a esperar en tu bondad.
 
Nos bendices con tu amor, oh, Dios
y nos llenas de tu presencia
cuando nos invitas a contemplar
a tu hijo, nuestro redentor.
 
Y te clamaré
yo aclamaré tu grandeza
y a tus pies me postraré
pues tu paz es mi victoria
por eso proclamaré
por siempre tu gloria, mi Señor.

                                                                                       


Lectura del Libro de Isaías 42,1-4.6-7 

 Así dice el Señor: «Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

 Palabra de Dios. 


 Salmo Responsorial: 28, 1a.2.3ac-4.3b y 9b-10

 R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz. 

 Hijos de Dios, aclamen al Señor, aclamen la gloria del nombre del Señor, póstrense ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

 La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R/. 

 El Dios de la gloria ha tronado. El Señor descorteza las selvas. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. R/.


Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles 10,34-38

 En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su Palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocen lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.» 

Palabra de Dios.


 Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3,15-16. 21-22 

 En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la Palabra y dijo a todos: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego».

 En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto». 

Palabra del Señor.


"Al encuentro del Amor"

"Al encuentro del Amor"
Novela literaria, de mi puño y letra. Elaborada para el deleite de quienes les apasiona la lectura. Para pedidos contáctame por esta vía o a través del correo: jimenez.juanpablo19@gmail.com